¿Alguna vez habéis oído hablar sobre los Santos Incorruptos? La Iglesia ha considerado tradicionalmente la incorruptibilidad cadavérica de determinados personajes, particularmente santos y beatos, como un signo milagroso de su santidad, y por esta razón son muchos los cadáveres llamados incorruptos que se veneran en santuarios católicos. La creencia de que un cadáver incorrupto era señal de la gracia divina se constata en Occidente desde al menos la Edad Media.
La idea del cadáver incorrupto suele dar pie a la idea de que estos cadáveres se mantienen en mayor o menor medida tal y como eran en el momento de la muerte. Los cadáveres que se exponen públicamente suelen estar recubiertos de capas de cera que ayudan a evitar el continuo deterioro del cadáver propiciado por la exposición. Otros cadáveres se exponen en su estado natural y es apreciable el deterioro de los mismos.
En la entrada de hoy os ofrecemos una pequeña lista de algunos de los más sorprendentes de éstos Santos Incorruptos que han llegado a nuestras fechas:
Santa Bernadette de Lourdes, murió en 1879
Santa Bernadette Soubirous, Marie Bernard Soubirous en francés (Lourdes, 7 de enero de 1844, Nevers, 16 de abril de 1879) fue una pastora francesa; la Iglesia Católica la canonizó el 8 de diciembre de 1933, tras dar su confirmación a una serie de apariciones marianas que Soubirous afirmó haber tenido en 1858.
Su cuerpo se encuentra incorrupto y puede verse en el Convento de Nevers, dentro de un féretro de cristal.
Su festividad se celebra el 16 de abril, aniversario de su muerte; es patrona de los enfermos, de las personas ridiculizadas por su piedad, de los pobres y de las pastoras y pastores.