miércoles, 11 de enero de 2012

El papa de los locos

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A día de hoy, poca gente recuerda o reconoce una de las fiestas más curiosas del catolicismo, la llamada “Fiesta de Locos Locos” o “Papa de los Locos”. Aunque es una difícil tarea ver las diferencias entre la "Misa del Asno", el "Obispo Niño" y el "Papa de los Locos", cada fiesta tiene su individualidad. Cabe decir que era una de las diversiones favoritas de la Edad Media en países europeos como Alemania, Francia, Inglaterra y España.
La fiesta de los locos era un regocijo lleno de sacrilegios e impiedades que los clérigos, diáconos y sacerdotes celebraban en algunas iglesias, durante el oficio divino, en cierto día, desde las fiestas de navidad hasta la de reyes y principalmente el día primero de año y por esto se llamaba también la fiesta de las calendas.
Los “Santos Inocentes”, es decir los niños varones menores de dos años que Herodes mandó inmolar en las cercanías de Belén, han sido festejados y venerados como los primeros mártires del cristianismo, pero la fiesta degeneró en verdaderas mascaradas.
Fingían nombrar en las iglesias catedrales el arzobispo o el obispo de los locos, y confirmaban esta elección haciendo toda clase de bufonerías, que servían para consagrarle.
Entraban enmascarados en la iglesia, vestidos de bufones y en trajes de mujeres. Danzaban en la nave y en el coro, cantando chanzonetas diabluras; comían carne sobre el borde mismo del altar al lado del sacerdote que ofrecía el sacrificio; jugaban allí mismo a los dados y perfumaban el altar con el humo de cueros viejos o podridos, que quemaban en sus incensarios y finalmente, cometían impiedades, dignas de la execración de todos los cristianos.
A su vez, el obispo de los locos oficiaba pontificalmente y bendecía al pueblo, ante el que se presentaba con mitra y báculo.
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En las iglesias que dependían directamente de la Santa Sede, elegían el Papa de los Locos, que oficiaba con todos los ornamentos del papado. Cuando terminaba la misa, corrían, saltaban y bailaban en la iglesia, cantando y profiriendo frases obscenas y haciendo muchas posturas indecentes hasta quedarse desnudos, y luego hacían que los arrastraran por las calles en carromatos llenos de porquerías, que arrojaban al populacho que se agolpaba a su paso.
No era solamente en las iglesias catedrales y colegiatas donde se hacía la fiesta de los locos. Se había internado esta impiedad también en los monasterios de monjas y monjes.
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Los seculares más libertinos se confundían con el clero y representaban algún personaje loco, disfrazado con traje eclesiástico. Hay que considerar que en la Edad Media la gente consideraba cosa natural y piadosa hacer locuras en nombre de los Inocentes y se regocijaba “locamente con los inocentes tranquilos”, al tiempo que maldecía y exorcizaba a los furiosos a quienes veían como endemoniados.
Para bien o para mal, esta fiesta fue completamente suprimida de nuestro calendario, por ser considerada detestable y condenada abiertamente entre el 1198 hasta el 1530 dónde se estima que desapareció completamente.

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